El Arte del Acecho

(Según Carlos Castañeda)

Los herederos de los antiguos chamanes toltecas otorgan una importancia especial a lo que ellos llaman “el arte del acecho”. Dicho arte, se lleva a cabo por el practicante en la realidad cotidiana, haciendo de ésta su campo de batalla, convirtiendo cada acto, cada interacción con sus semejantes en un acto lleno de significación y en una oportunidad de autoconocimiento y crecimiento personal.

Lo que ellos llaman acecho, no es nada más (ni nada menos) que el control estratégico de la propia conducta, el acechador más que alejarse del entorno social ordinario, se queda en él, en el centro mismo de la acción y lo utiliza para templar su espíritu y llevarse a sí mismo más allá de los límites de su historia personal, la clave de este proceso es conseguir la “actitud justa”.

Los principios fundamentales del acecho (según Carlos Castañeda) serían:

• El acechador toma el mundo como un misterio sin fin.
• El acechador tratará de descifrar esos misterios a sabiendas que no tiene la más mínima posibilidad de lograrlo.
• El acechador considera cada batalla como una afrenta de vida o muerte.
• Si el acechador siente que la situación está a punto de rebasarle, descansa, se olvida de sí mismo y espera.
• El acechador cuando se topa con una fuerza que siente superior, se retira por un momento.
• Los acechadores comprimen el tiempo, cada segundo cuenta.

Las cuatro disposiciones del Acecho se definen como:

• No tener compasión. En especial no tener compasión de uno mismo. La compasión no es más que una de las variables de la importancia personal (lo que hemos venido llamando “ego”)
• Ser astuto. Entendida la astucia como un tipo de sagacidad más cercana a la intuición que a la inteligencia.
• Tener paciencia. No querer terminar nada antes de tiempo, ni anticiparse a la hora de iniciar algo. Dar a cada cosa su momento justo. La paciencia en este caso no tiene nada que ver con la negligencia. Mientras espera, el acechador no está ocioso, está activo.
• Ser simpático. Desarrollar la capacidad de reírse de sí mismo. Dicha capacidad permite al guerrero ser encantador y al mismo tiempo estar alerta.

Agradecemos a mi querido amigo Claudio Pereira por facilitarnos el extracto.

Esta entrada fue publicada en Calendario Maya, Ondas Encantadas. Guarda el enlace permanente.