¿Águila o gallina?

Allí donde hay águilas, no existe pueblo que no las halla tomado como símbolo de lo Superior: desde los mayas a los chamanes siberianos, en los textos bíblicos, los mitos de la India o el alfabeto egipcio (en el cual representa su primera letra).

Ave de iluminación, su visión penetrante semeja la Conciencia Despierta, que llega hasta lo más íntimo  de sí. Somos águilas cuando, en la azarosa vida cotidiana, procuramos desapegarnos de nuestra mirada chata  para comprender panorámicamente nuestra situación, la de los demás, la de la sociedad, la del planeta… Y somos águilas cuando trabajamos para sobreponernos al dolor: los aztecas le conferían poder de regeneración, creyendo que periódicamente se exponía al sol hasta arder, para luego sumergirse en agua pura y emerger renovada.

En la notable película “Elizabeth” hay una escena en que la reina está afligida ante una crisis tremenda que su tierra atraviesa, por lo cual consulta a su sabio asesor, -docto en el lenguaje de los astros-, qué fuerzas del Universo están gobernando la situación. “Por favor, deme esperanzas”, le dice. A lo que el sabio le contesta: “Las fuerzas que moldean el mundo son inmensas, su majestad. ¿Cómo podría prometer que favorecerían a la reina? Pero esto sí sé: cuando estalla la tormenta cada uno actúa según su naturaleza: unos enmudecen de terror, otros huyen, otros se esconden. Mas otros extienden las alas y se remontan como águilas.”

Esto es verdad. Y también lo es que el espíritu de cada humano es en realidad un águila… (no una gallina!). Sólo hay que estar dispuesto a despertarla. Por más que la sociedad pueda preferir que actuemos como gallinas; por más que  algunas personas tóxicas o ignorantes hayan querido “desaguilizarnos “. No importa si así fue, sino si seguimos creyendo en ese hechizo, perpetuándolo en un “auto-engallinamiento”. O bien si decidimos tener el valor de darle su oportunidad al águila que nos anima.

El Oráculo Maya nos dice que somos lo que creemos o pensamos. Meditemos en esto, ahora que estamos en la Onda Encantada del Sol, que nos ayuda a auto-valorarnos y a conectarnos con la iluminación.

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